Agua que no has de beber.

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Hace más de dos mil años ya había asentamientos humanos por los montes que unen nuestras dos comarcas.Los mismos años que han tenido que pasar para que el agua potable saliera por nuestros grifos.P1070132 En el poblado ibérico de Fuente Lucena bajaban a la fuente. En el del Castellar de Meca se acercaban a uno de tantos aljibes que siembran esa llanura caliza. Pero en apenas unas décadas llevamos camino de conseguir que el agua corriente de casa deje de ser potable. Todo un mérito.

En casa de mis padres todavía había cántaros cuando yo era pequeño. No era fácil atinar con el agua en un vaso cuando los abocabas. Hoy sirven de floreros. Pesaban los cántaros llenos de agua y también pesan las garrafas de cinco y ocho litros compradas en el comercio de las cuales se bebe en la mayoría de las casas. De hecho en gran parte de los pueblos del litoral valenciano, el agua del grifo hace años que dejó de ser potable. Ir por el agua a la tienda, como ayer se iba a la fuente, vuelve a ser una necesidad. La elevada concentración de nitratos en el agua es la responsable de esta obligada vuelta al acarreo de agua. Cuando el nivel de nitratos todavía permite su consumo, el insufrible sabor a cloro del agua disuade de su consumo. El efecto es el mismo. El agua envasada, en envases de plástico de un solo uso que tienen el don de la ubicuidad y se nos aparecen hasta en los lugares más insospechados del monte, desplaza al agua del grifo a la hora de beber. El fracaso del Estado a la hora de garantizar este bien básico es clamoroso. El nuestro también.

Apenas ochenta años llevamos sembrando los campos de cultivo con abonos nitrogenados de síntesis. Lo que inicialmente parecía una gran victoria sobre las limitaciones de la fertilidad natural de la tierra, nos presenta sus primeras facturas. El agua contaminada ya llegó a los acuíferos, y ahí sigue.

Dicen que de nuestras Universidades salen hoy las generaciones más formadas de todos los tiempos. Las posibilidades de nuestros conocimientos técnicos rozan lo milagroso. Y pudiendo ser todo ello cierto asistimos desoladamente al espectáculo de ver como se deteriora gravemente herida la salud de las aguas, sostén de vida de igual valor pero de diferente precio, para nuestros antepasados ayer y para nosotros hoy.

Los burros no lo hacen. Tropezar dos veces en la misma piedra. Nosotros sí. Sin vacilación y con paso decidido. Después de los nitratos ahora empiezan a llegar a las aguas subterráneas los herbicidas. Las consecuencias son todavía más graves. Y como en el caso de los nitratos, evitables. Pero esto será motivo de una futura reflexión.

Hace unos años y arreciando la demanda de trasvases derivada del Plan Hidrológico Nacional, afortunadamente paralizado, los demandantes de una política hidrológica alternativa y como medida de ahorro del agua consumida en los hogares proponían un circuito separado en las casas para el agua potable y el agua sanitaria. De una forma no deseada esto se está coP1070049
nsiguiendo, el agua potable se compra fuera de casa, a precio de oro el metro cúbico, y el agua no potable es la que se nos factura por el Ayuntamiento.

Cuando los cántaros eran nuestra despensa de agua, los retretes aun estaban en el camino y se harían esperar unos años una vez ya instalada la red de abastecimiento. Las cuadras cumplían con ese cometido. No dejemos, por tanto, un regusto pesimista a estas líneas. El agua del grifo, aún saturada de nitratos, es perfectamente apta para ser descargada en el irónico inodoro. La cuadra puede esperar. El que no se consuela es porque no quiere.

Carlos Feuerriegel

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