Cunetas y Campos

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Amablemente nos avisan del riego generoso. Un cartelito en la cuneta, amarillo chillón, anuncia que los trabajadores de Obras Públicas encargados del mantenimiento de las carreteras, han vuelto a rociar las cunetas con herbicida. Con el de siempre, el omnipresente Round-Up, “Rundup” o “Rundum” para los amigos. En realidad estos tres también son uno, glifosato es el nombre de la materia activa, de la criatura presente en el Round-Up. Sí fuéramos cabras, y leídas, ya sabríamos a qué atenernos; mejor renunciar al bocado carretero, la hierba más verde, pero como sólo somos humanos, no hacemos ni caso. El Estado y sus operarios seguro que saben lo que se llevan entre manos.
Quizá hoy lunes en que escribo estas líneas, la noticia les haya pasado desapercibida. Y eso que la han dado en todos los espacios de noticias. Está justificado el despiste porque nuestro glifosato iba de guarnición de una monumental parrillada de morcillas, longanizas, tocinos y hamburguesas chorreantes de líquidos no identificados. El papel de secundario está más que justificado. Frente a los muchos que se atiborran de todos los derivados del cerdo y otras carnes, deben de ser pocos los aficionados a comer Round-Up. Todo lleva su tiempo.
En marzo de este año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya anunció que la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC en inglés) había llegado a la conclusión de que el glifosato, presente en el herbicida Round-Up, el más vendido del mundo y comercializado por la empresa Norteamericana Monsanto, debía ser considerado como “probable causante de cáncer en humanos”. Hoy la OMS lo ha dado a conocer en todo el mundo.
Monsanto es una empresa con una meritoria carrera como destructora de la vida. El llamado “agente naranja” que los siempre benditos yanquis vertieron a toneladas sobre los bosques de Vietnam durante años para defoliar los árboles y poder matar con más facilidad a los norvietnamitas que se cobijaban debajo, era otra criatura de su ingenio. A Obama el comunicado de la Organización Mundial de la Salud no le debe de haber gustado nada que nada. Ni por el Round-Up, ni por las hamburguesas y demás cadáveres reelaborados, picados y sazonados que entran en el mismo comunicado. ¿Y a nosotros?
La decisión de la OMS supone, conforme a la legislación de la Unión Europea de octubre del 2009, que el uso del Round-Up deberá ser prohibido en nuestros países. Es una buena noticia para la vida de nuestros campos de cultivo. Basta pasear por la redonda de cualquier pueblo de La Canal para comprobar cómo los olivares hace años dejaron de labrarse, para “sulfatarse” con Round-Up. Le llamaban “no cultivo”, era lo moderno y avanzado y tristemente tuvo que ser el entonces Servicio de Extensión Agraria, nuevamente el mismo Estado que pulveriza las cunetas, el que lo promoviera. Y desde Enguera como foco principal.
Sabíamos que el herbicida debilitaba la vida microbiana e invertebrada del suelo, afectaba a todos los animales que poblaban las redondas de los pueblos, de pelo y de pluma. Ahora sabemos que también nos puede afectar gravemente a nosotros. En primer lugar a quien los aplica y en segundo lugar a los demás. Es cuestión de tiempo que los herbicidas lleguen a las aguas subterráneas, en algunas comarcas valencianas ya lo han hecho, como los nitratos de la pasada reflexión. En Obras Públicas hacen lo que pueden para acelerar este proceso. Las cunetas son el lugar que más agua de lluvia acumulan después de una tormenta. Tanto mejor si previamente hemos aplicado sobre ellas unos saludables manguerazos de herbicida. Año tras año, primavera tras primavera. Con nuestra tozudez no habrá restos de Round-Up que no consigan abrirse paso hacia el subsuelo. Si nosotros somos cabezones, la química y la ley de la gravedad nos ganan.
Durante siglos, milenios, se labraron los campos, se aireó la tierra. Con bueyes, mulos, burros, con tractores hoy. Debemos volver a labrar o bien a segar la hierba permitiendo que la tierra se recupere de los daños que le hemos causado. A ella, pero también a nosotros mismos. No es tan difícil. Mejor hacerlo por convicción que no por necesidad. Todo tiempo ganado es en nuestro favor.

Carlos Feuerriegel

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