CULTURA TAURINA

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Gente de fuera. Pertenezco a esa familia. Subfamilia “del otro lado de la sierra”. El viento que todo lo mueve trajo hasta mis manos una hoja voladora que pedía se diera apoyo en Chella a los festejos taurinos y con motivo de una consulta popular que se debía celebrar el 10 de enero. No sé quién redactó la demanda, si la Peña Taurina o la Asociación Cultural Taurina; quizá sean una y la misma cosa. En cualquier caso la redacción deja mucho que desear, en su forma y en su contenido.

De una Asociación Cultural cabe esperar que cuide la lengua que hablamos y escribimos, puesto que la lengua siempre ha sido patrimonio cultural de un pueblo. Es posible que esté pidiendo demasiado y la lengua haya dejado de formar parte de este patrimonio. Quedarían así explicadas tantas faltas de ortografía y de redacción como menudean en la criatura foliar y taurina.

Convocante de la consulta, me dicen, es el Ayuntamiento de Chella, por lo tanto no es la Asociación la que “se expone” a la consulta; es el Ayuntamiento el que pone los festejos taurinos en situación de perderse o prolongarse. La Asociación taurina lo que hace es defender el sí a los festejos y en cualquier caso y visto el resultado favorable obtenido , tampoco habrían expuesto nada en caso de promover ellos la consulta, dado que como afirman , contaban con un pueblo que ha colaborado, día tras día con ellos. Es decir, que el resultado era el esperado.

Siete razones exponen en defensa de su causa los amantes de las vacas, que hasta ayer mismo solían ser los toros , siendo el primero el de “respaldar las ilusiones y ganas de personas del pueblo”. Como argumento no tiene ningún peso, pero parece haber sido suficiente para el lance de la consulta. Supongo que iguales ganas e ilusiones tendrán los que rechazan este tipo de festejos que giran en torno a unos animales que no viven precisamente horas de felicidad al ser sacados a las calles . Felicidad ausente que no puede empañar las expectativas de cogida del muy respetable, cogidas que son el sostén de los festejos y la sal de la fiesta. El toro ratón (q.e.p.d) podría darnos alguna conferencia sobre estos inconfesables deseos de su audiencia.

El escrito rezuma un cierto aire de victimismo, más que injustificado vistos los resultados. Desean ser tratados con igualdad, como se trata a otras asociaciones y rechazan que se prohíba su tradición y cultura. Sin embargo, las únicas víctimas en esos festejos son los animales que en cuanto pueden se escapan de la escena abandonando con no poca ingratitud el festejo al que fueron convidados, y los que voluntariamente se exponen, aquí sí, a ser cogidos.

Es cierto que los festejos taurinos han evolucionado en las últimas décadas, suavizando la tradición y cultura de su estado de pureza original. De hecho creo que vacas y toros ya no sirven de diana móvil para el juego de lanzarles dardos, ni está muy bien visto que el personal aliente sus acometidas con la clásica medicina del palo, sin zanahoria, que en su extremo podía ir acompañado de tacha o sin ella. Hasta en las plazas de la fiesta grande, la nacional, se llegó a proteger a los caballos de los picadores con un peto, ahorrando a los nobles aficionados la edificante visión de ver a los torpes rocines pisándose las tripas después de sufrir la embestida del toro. Todo un ejemplo de sensibilidad que permite ya abrir las puertas de las plazas a los niños. Pasen, vean y escuchen. En vivo y en directo porque en las retransmisiones de la TV se nos priva del sonido del dolor del toro. Alta fidelidad pero con censura. Por si acaso.

Yo la verdad es que de haber podido votar, no sé qué habría hecho. Me pierden los donuts a la hora de merendar y como argumento es irrebatible. Especialmente si coincide en el tiempo, y lugar, con la xocolatá, ya saben, por lo del mojar. Tendría que meditar muy bien mi voto o esperar a la iluminación que viene de lo alto. Estoy en un dilema pero si de él tiene que sacarme la luz que abrasa los ojos de un toro sufriente y embolado, seguro que acabaría por renunciar a los donuts, las xocolatás, viajes y demás ofertas del generoso cuerno de la abundancia taurina con tal de decir sí al respeto animal, y a nosotros mismos, y no a los bous al carrer. El colesterol me lo agradecería; por los donuts, claro, pero todo parece indicar que los hábitos saludables de alimentación todavía deberán hacerse esperar.

Carlos Feuerriegel

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